La luz no empieza
en una luminaria.
Empieza en la arquitectura, en la forma en que se usa el espacio y en aquello que merece aparecer. El resultado no es una colección de productos: es una atmósfera coherente.
Empieza en la arquitectura, en la forma en que se usa el espacio y en aquello que merece aparecer. El resultado no es una colección de productos: es una atmósfera coherente.
Leemos materiales, proporciones, recorridos, vistas y horarios. De ahí nace una intención: dónde mirar, qué ocultar y cómo cambia el espacio a lo largo del día.
Componemos iluminación ambiental, vertical, de acento, de tarea, indirecta y paisaje. Cada capa cumple una función; juntas construyen profundidad y ritmo.
Verificamos niveles, uniformidad, deslumbramiento, reproducción cromática y comportamiento de la luz natural. La estética se sostiene con datos.
Distribución, apertura, control de deslumbramiento, consistencia cromática, atenuación y mantenimiento definen la luminaria correcta para cada aplicación.
Traducimos el concepto a plantas, cortes, detalles, circuitos de control, escenas, fichas y cuantificación. Cada decisión queda coordinada antes de llegar a obra.
Dirigimos enfoque, atenuación y escenas en sitio. Probamos cada capa con la arquitectura terminada y dejamos el sistema listo para operar.
Narrativa, referencias y criterios que ordenan la experiencia visual.
Sembrados, cortes, elevaciones y soluciones constructivas coordinadas.
Simulaciones y memorias para comprobar desempeño y confort.
Cuadro de luminarias, ópticas, drivers, accesorios y alternativas.
Zonificación, cargas, escenas y secuencias de operación.
Revisión, focusing, programación, pruebas y cierre documental.